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CINE: ‘Mientras dure la guerra’: la historia de un arrepentimiento

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Entre las calles empedradas de Salamanca y sus muros repletos de historia, camina un septuagenario Miguel de Unamuno (Karra Elejalde), renegado con el gobierno de Manuel Azaña y deseoso del regreso del orden a la República. A su diestra, el pastor ortodoxo Atilano Coco (Luis Zahera). A su siniestra, el profesor universitario y ex alumno Salvador Vila (Carlos Serrano-Clark). Y en manos de todos, incluida España, unos militares del bando sublevado que comienzan a repartirse el poder bajo los auspicios de sus aliados nazis. Francisco Franco (Santi Prego), José Millán-Astray (Eduard Fernández), Luis Valdés Cavanilles (Tito Valverde), Emilio Mola (Luis Callejo), Alfredo Kindelán (Miquel García Borda)…

Este es el punto de partida de ‘Mientras dure la guerra’, la última película del director español Alejandro Amenábar (‘Tesis’, ‘Mar adentro’), con la que vuelve al cine tras los pasos de Unamuno en los primeros compases de la Guerra Civil, en una ciudad en estado de guerra declarado por el bando nacional el 19 de julio de 1936.

Miguel de Unamuno, escritor, poeta, ensayista y maestro, era un hombre obsesionado por el lenguaje y con un marcado carácter. Tan valiente y cobarde como cualquier otro ser humano, contaba con un temperamento encendido y una lengua afilada, de la que los sublevados tuvieron buena cuenta en octubre de 1936. ‘Mientras dure la guerra’ se centra en la figura de este hombre culto, comprometido y complejo, que tarda en despertar al horror que ha defendido, a los crímenes de guerra que le rodean y a la debilidad de la dialéctica frente a las balas. Pero sin olvidar a todos los militares sublevados que, como piezas de ajedrez, comenzaban a mover sus posiciones sobre el tablero español en pos del poder.

«Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España». -Fragmento del discurso de Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca.

A un poderoso Karra Elejalde, al que el espectador casi debe buscar tras la chapela y el bastón, solo le hace sombra Eduard Fernández en el papel del «glorioso mutilado» Millán-Astray, fundador de la Legión. Ambos se disputan los mejores momentos de una historia marcada por una herida que no se cierra, que se vuelve contemporánea en las discusiones de los bares y diálogos entre Unamuno y Salvador, y que tanto nos recuerdan a nuestro actual presente: vuelta a esa España fragmentada que no escucha, aunque sea hija de una misma bandera cuando el metraje resuelve en blanco y negro.

Una única advertencia: ‘Mientras dure la guerra’ no es una cinta bélica de acción, repleta de balas y momentos entre las trincheras. Es la historia de un hombre arrepentido que vive el desmoronamiento de su país desde la trinchera de una mente tan cambiante como privilegiada, y que ante el miedo, acaba dando un golpe de voz. Aunque la masa ya no entendía a la razón.

Crónica de Raquel Moreno para Expansión

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